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viernes, 15 de mayo de 2015

LLORAR DE PENA



Sereno el llanto de la luna,
Por quererse subir a ella,
Llora de pena la luna,
Por verla llorar de pena.

Qué triste esta niña sola,
Que no tiene quien la quiera,
Que quiere subir a la luna,
Y no hay quien la suba a ella.

Qué triste siente el alma,
Sola está rota de pena,
La niña ya no está sola,
Está con la luna llena.

En el seno de la luna,
Duerme soñando poemas,
Y se ha convertido en lucero,
La niña que lloraba penas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

ENEMISTADES DEL PASADO

No hay momento en el día que no vuelva a recordar ese sueño que me angustia. Llevo tres días soñando lo mismo, se repite una y otra vez, y no sé porque. La situación y los detalles son tan reales que siento como si verdaderamente los hubiera vivido. Las calles no me son conocidas, pero sería capaz de describirlas. Camino por una larga avenida, donde las pocas farolas que hay encendidas tienen una luz tenue. Hay un taxi parado en un semáforo, el conductor es un hombre mayor con un bigote grande y ropa oscura, detrás lleva a dos jóvenes pasados de copas.

Voy a paso lento, pero de pronto percibo un ruido tras de mí, al rodearme veo la sombra de un cuerpo corpulento escondiéndose en un portal, de refilón le vi las manos de un color blanco pálido. En ese momento me decidí a aligerar el paso, notando como las suelas de sus zapatos siguen a mis tacones asustados, cruzo la calle pero no antes de volver la vista a tras, esta vez no lo vi, pero podía sentir que a poca distancia vigilaba mis pasos. Esta calle era algo más pequeña, rodeada de varios comercios, algunas pintadas indicaban el vandalismo, al final de la calle se encontraba la parada de taxis, esperaba que hubiera alguno libre para poder llegar a casa, a lo lejos observo que no había rastro de ninguno, aún así sigo mi camino, pero ésta vez buscando un lugar donde refugiarme de mi seguidor, justo en el momento que pasaba por la parada me rodeo para el escaparate de una cristalería y veo como unas manos pálidas de uñas amarillentas tocan mi espalda, no sé lo que pasa después porque en ese momento caigo al suelo desmallada.

Necesito saber cómo continua el sueño, esta noche cuando me vaya a dormir no pondré el despertador para que me deje continuar con la pesadilla, hay algo en todo esto que me atormenta, pues parece real, pero no recuerdo haber estado en ese sitio, además me he dado cuenta de que la chica que se refleja en el cristal no soy yo. Tiene un gran parecido a mí, pero su pelo es más corto, y tiene la cara más redondeada, parece más joven e incluso más alta. Recuerdo haber visto esa ropa en alguna parte, pero tal vez me es conocida por las veces que se me ha repetido el sueño.

Al despertarme tengo la vista turbia, me siento adormecida, no puedo levantarme, tengo los pies y las manos atadas, la temperatura es húmeda, se hoye como si unas gotas cayeran en una lata. Hay tuberías en el techo, una cama desecha y una mesa plagada de objetos y desperdicios. Me encuentro sola, pero oigo pasos que se acercan, murmullo de gente que se ríe, intento gritar pero no puedo, tengo la voz tan dormida como el cuerpo. De pronto, percibo pasos nuevamente pero esta vez no provenían de la calle, sino del interior de aquello. La silueta de un hombre baja por las escaleras, no le veo el rostro, pues lo lleva cubierto, pero veo sus manos que se acercan para hacerme una caricia, su aspecto delata al seguidor anterior, tiene en la mano izquierda una cicatriz que le cubre casi toda la palma de la mano. Un golpe seco en la cabeza hace que me vuelva a desmallar. Al despertarme me encuentro en el maletero de un coche, sigo atada y por mucho que me esfuerce no me puedo soltar, siento como por la frente me resbalan algunas gotas de sangre. Pasado un rato, el coche se para, se abre el maletero y giro la cabeza para mirarlo, está empezando a llover, lleva puesto un chubasquero. Le miro fijamente a los ojos y encuentro en ellos una mirada fuerte y perversa. Me saca del coche, para luego arrastrarme hasta un pozo en mitad de ninguna parte, la única luz que hay es la que proporcionan los focos del coche, giro la vista y veo una pequeña casilla, está medio en ruinas, los forrajes han trepado por sus paredes introduciéndose por todas partes.

Unos golpes a mi puerta me han despertado dejándome a medias en esta encrucijada, me levanto inmediatamente para abrir, no antes de asomarme a la mirilla, es la policía. Al parecer una vecina a desaparecido, lleva cuatro días sin aparecer por el trabajo, la han buscado en casa de amigos y familiares, y todos están preocupados por la joven. Lo último que saben de ella es que había quedado para tomar algo con una amiga, pero no se presentó, no la buscaron aquella noche pues no le dieron importancia, pensaban que a última hora había cambiado de planes y se le había olvidado llamar. Me hicieron varias pregunta que no supe responder, llevaba poco tiempo viviendo allí y todavía no conocía a todos mis vecinos. Uno de los policías sacó una fotografía y me la enseñó, la joven del sueño era mi vecina, entonces recordé que me había cruzado con ella cuando yo volvía de trabajar, me fijé en su cazadora marrón, y en sus zapatos grises, de ahí que me sonara tanto la ropa. No le dije lo que había soñado a la policía pues pensarían que estaba loca, me despedí de ellos y me volví a la cama, intenté dormirme pero no pude, la imagen de la joven no se me iba de la cabeza, fui a la cocina y me tomé un tranquilizante, luego me volví a la cama.

Quiero gritar pero no puedo porque sigo adormecida y aunque lo hubiera hecho dudo mucho que alguien pudiera haberme escuchado, en mitad del campo, en la lejanía del mundo que me había rodeado, ahí estaba yo, intentando agarrarme a su ropa cuando me empujaba hacia al interior del pozo, pero mis dedos no tienen la suficiente fuerza para sujetarse, caigo al agua, y siento como el frio envuelve todo mi cuerpo, intento mover los pies y los brazos, por un momento consigo mantenerme en el agua, pero el cansancio me pesa demasiado, dando fin a mis días en aquel pozo olvidado.

Acabo de ser testigo de la muerte de aquella joven, algunas lágrimas resbalan por mi rostro, me siento conmovida, el sueño ha sido espeluznante y me encuentro confundida, todo parece tan real, pero ¿Cómo llega a mi mente ese suceso que yo no he vivido? No puedo ir a la policía, al menos de momento, pero necesito ayudar a esa joven en todo lo posible, aunque esté muerta, intentaré buscar su cuerpo. Empezaré por averiguar las calles que aparecen en el sueño, primero buscaré la parada de taxis en un mapa.

Ha pasado un día y el sueño se me ha vuelto a repetir, ayer por la tarde visité las calles del sueño, están a poca distancia de aquí, paseé durante un rato vigilando que nadie me siguiera, pendiente de cada detalle, de cada persona que me crucé. Pero no vi nada sospechoso, llegue hasta la parada de taxis y me volví. De camino a casa recordé la gente que había oído pasar cerca de donde estaba la joven encerrada, su animosidad indicaba que iban ebrios, al menos alguno de ellos, porque escuché como una persona vomitaba cerca, seguramente había estado encerrada en un sótano. Decidí dar una vuelta por las calles vecinas, cerca de aquel lugar debía de haber un bar, o un lugar donde los jóvenes se reunirían para hacer botellón. A la vuelta de la esquina dos calles más abajo de la parada había un bar, entré y me tomé un café, dos hombres tomaban copas en la barra, en una mesa se encontraba un hombre mayor, su cara me era conocida, enfrente del bar había un taxi aparcado. Pagué mi café y me fui a la parada, al rato llegó éste señor, era el mismo que llevaba a unos jóvenes borrachos la noche que sucedió todo, poco faltó para que una señora remilgada me quitase el taxi. Cuando me preguntó a donde quería ir, le indique la calle más lejana que se me ocurrió en aquel momento, necesitaba tiempo para hablar con él. Tras insistir con varias preguntas, conseguí que recordará donde había dejado a los jóvenes que llevaba el martes por la noche, dos chichos jóvenes, uno de ellos de cazadora beige. Tras meditar un poco el conductor recordó la dirección de aquellos chicos, resultó que uno de ellos era sobrino de su mujer. Le insistí en que diera la vuelta y me llevase a la dirección donde había dejado a los jóvenes, le dije que eran conocidos de una amiga y que los buscaba para hablar con ellos.

Varios edificios de pisos, un local en venta, dos casas pequeñas. Nada de particular si no fuera por un antiguo taller de mecánica medio en ruinas, situado anterior a la dirección de uno de los jóvenes. Sentía que estaba cerca, en una pequeña ventana que debía de pertenecer al sótano del taller, un charco de vómito seco, su aspecto indicaba que llevaba allí varios días. Pronto iba a caer la noche, y me dio miedo seguir por aquel lugar sabiendo que el asesino estaba cerca, así que me volví lo más rápido que pude. Ya había encontrado la dirección, o al menos eso creía, pero ¿Cómo demostrar ante la policía que el asesino podía vivir allí? Me faltaba encontrar el pozo donde estaba tirado el cadáver, pero no sabía cómo buscar aquel lugar.

Tengo que encontrarla, no puedo seguir así, le he preguntado a la vecina si sabía algo, la policía la siguen buscando pero no tienen pruebas que indique su paradero. He ido a la peluquería y de compras, me he cortado el pelo y me he comprado una cazadora marrón y unos zapatos grises, iguales a los de mi vecina, pero antes de volver a aquel lugar he ido a la policía. Les he dicho, que sé donde pueden encontrar al asesino, incluso el comisario se ha impresionado con nuestro parecido, al verme creyó que era la joven desaparecida, le conté lo que había soñado y poco faltó para que me tomaran por loca. Les describí el lugar donde estaba la joven, un policía dijo saber donde quedaba, por mis indicaciones podía estar en la viña del grajo. Varios policías fueron a comprobarlo, dejando que me fuera a casa después de firmar mi declaración.

Siento como unos pasos me siguen, me rodeo pero no veo a nadie, en un principio pienso que es la policía, pero más tarde cuando me queda poco para llegar a casa, me doy cuenta de que el sueño se está haciendo realidad, de que soy perseguida por aquel que le ha arrebatado la vida a mi vecina. Aligero el paso para llegar a casa mientras saco el móvil del bolso para llamar a la policía, no me cogen el teléfono, debían de estar comunicando, estoy enfrente de la puerta sacando la llave cuando una mano aprieta en mi boca asta desmallarme.

Me despierto en el sótano, atada y adormecida, se me había repetido el sueño tantas veces que me sabia de memoria aquella estancia, miré para la mesa, entre tantas cosas puede ver un cuchillo. Me tumbé en el suelo y rodando llegué hasta la mesa. Me paré un momento a escuchar, no había más ruido que las goteras que caían en una lata, y me decidí a dar una patada a la mesa, varios tornillos y tuercas cayeron al suelo acompañados de desperdicios de comida, el cuchillo apenas se había movido unos centímetros, así que la segunda patada la di con mayor fuerza. El cuchillo cayó al suelo, lo sujeté lo más fuerte que puede y corté las cuerdas que me sujetaban los pies, de pronto escuché pasos, debía de ser él, no tenía tiempo de cortarme las cuerdas de las manos, me levanté como pude y me escondí detrás de las escaleras. La puerta se abrió y se encendió la luz. Desde el primer escalón pudo ver que me había escapado, bajó las escaleras, y entre los peldaños de madera encontró mis asustados ojos. Su aspecto era como lo recordaba, de complexión fuerte y de mirada intimidante. Se abalanzó hacia mí, me sujetó de los brazos, levantó el puño para golpearme en la cabeza, pero justo en ese momento cogí fuerzas, sujeté el cuchillo bien fuerte y se lo clave. Después salí de aquel lugar lo más rápido que puede, a trompicones encontré la salida, cerca de allí había una mujer que paseaba a su perro, la miré e intenté pedirle auxilio, entonces me desmallé.

Cuando desperté me encontraba en la ambulancia, aquella mujer la había llamado, le indique a los técnicos que en el sótano había un hombre herido, que yo misma le había clavado un cuchillo. Uno de ellos entró en el taller y bajó al sótano antes de llevarme al hospital, pero allí no había nadie, solo un pequeño rastro de sangre. Más tarde llegó la policía al hospital para interrogarme, confirmándome después que habían encontrado el cuerpo de la joven en el pozo. Nuestro indudable parecido no era causalidad, una prueba de ADN al cadáver indicó que aquella joven era mi hermana, la misma a la que llevaba años buscando.

Ya han pasado varios días, han detenido al asesino, la policía lo encontró malherido escondido en el despacho del taller. Lo han tenido en el hospital para curar su herida, y lo han llevado a la cárcel. Se ha confesado culpable reconociendo que mató a mi hermana. Han pasado tantos años que no fui capaz de reconocer a ninguno de los dos, sin embargo, el fue capaz de encontrarnos, su rencor le había llevado a ello. Simplemente porque nos peleábamos en el orfanato, más tarde he recordado nuestras batallas y como la cicatriz que lleva en la mano se la había hecho con una plancha ardiendo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

SOÑANDO LIBERTAD

Galopando a lomos de mi imaginación paseo por el Jardín Secreto, ese en el que sueña el inventor. Un jardín lleno de encantadores fragancias e inspiración. Bajo la sombra de los sauces llorones relajo el pensamiento hasta llegar a los pies del naranjo donde ahora me encuentro. He visto pasar un duende pero se escondió detrás de una seta, desapareciendo de allí cuando me acerqué a ella. Cual rayo de sol, me deslumbró en la lejanía un unicornio dorado que en un manantial bebía. Como el canto de una sirena es la melodía de este jardín, dulce como la caricia de una buena madre y fresca como la brisa de la mañana en pleno mes de abril. Cierro los ojos y creo estar en el paraíso, la flora y la fauna de este lugar, silvestre y cuidada por siempre estará, pues este maravillo jardín, ha de permanecer secreto únicamente para mí. Paseando por un puente de lavanda observo los horizontes que me rodean compuestos de felicidad, parándome a expresarlos en estas letras Soñando Libertad.

jueves, 30 de junio de 2011

LA TACITA DE CHOCOLATE


“No es basura todo, solo para los que lo han tirado”, debió pensar Marcelo que procedía a recoger una mesa estropeada que había tirada en el vertedero, quería arreglarla para su casita de hojalata, vivía no muy lejos del vertedero y él mismo se la había construido. Tenía tablas por paredes y chapa de tejado, incluso había utilizado un somier como cancela. La había construido bien grande, porque a pesar de que vivía solo, algún día quería llenarla de pequeños lechoncillos.

Subió la mesa al remolque, pero antes de irse se dio otra vuelta por allí, y recogió un tresillo y una lámpara. Iba todos los días porque no soportaba que los habitantes de Puerto Pezuña tiraran cosas que todavía podían servir; él se encargaba de arreglarlas y darle utilidad, a veces incluso se las vendía a sus vecinos, tenía que montar un pequeño mercadillo donde exhibía los muebles y objetos reformados. Hubo alguna vez que el propietario compraba un mueble restaurado, el mismo, que él había llevado al vertedero.

Marcelo llevó todo lo recogido al trastero, allí tenía su lugar de trabajo, y su centro de inspiración, que consistía en una foto de su cerdita amada pegada en la pared. Era su amor platónico, para él, ella era su musa y le escribía poemas de amor en sus ratos libres. Una vez que soltó los trastos se puso en el escritorio y sacó del cajón una libreta, allí tenía sus primeros poemas, los cuales había decidido dejárselos en la pastelería de la que era dueña esta cerdita, llamada “La tacita de Chocolate”.


Cogió un papel nuevo y traspasó los poemas, los escribió lo más presentable posible, haciendo letras refinadas y bonitas. Luego lo dobló y lo metió en un sobre. Y se fue a darse un baño, y ha acicalarse, para que su cerdita lo viera guapo. Luego se guardó la carta en el bolsillo de la chaqueta, y se subió al coche. De camino a la pastelería vio que la celinda de Doña Casilda estaba rebosante de flores y sobresalían por la cancela. Se acercó y cogió una ramita, y la metió dentro del sobre, luego, lo cerró.

Cuando llegó a la pastelería, Rosa, su cerdita amada, estaba charlando muy amablemente con Andrés Bisonte que era el hijo del señor alcalde, y se acercó al mostrador, pidió Tarta de castañas, y se sentó para comérsela allí mientras vigilaba su rosada muñequita. Una vez terminó, se acercó al mostrador para pagar y mientras Rosa le daba la espalda para darle el cambio, Marcelo sacó el sobre de su bolsillo y lo puso por dentro del mostrador. Luego se fue a casa, a seguir con el trabajo pendiente.

Mientras recogía la pastelería, para tenerla preparada para el día siguiente, Rosa encontró el sobre debajo del plato de una taza de chocolate, y se sentó para descansar por un minuto y para ver el contenido del sobre. Cuando lo abrió lo primero que vio fueron las flores, “que fragancia más dulce” pensó, luego sacó el papel y lo desplego encontrándose en él unos versos llenos de palabras de amor.

MI ROSADA MUÑEQUITA

Eres la rosa más bella de este jardín,
Tu nombre bien lo evoca,
Y eso eres para mí.

Tu pelo caracola,
Color del carbón,
Y tus ojos cristalinos,
Tan bellos como el sol.

Mi preciosa pastelera,
Ambrosia creas con tus manos,
No hay cerdita más bella,
En todo el mundo marrano.

Tan dulce como el caramelo,
Tan bella como olorosa,
Tu sobaco sucio,
Huele mejor que las rosas.


Rosa intentaba recordar quienes habían sido sus clientes en aquella jornada, para encontrar al autor de aquellas preciosas palabras, entregadas bajo anonimato. Pero no llegó a ninguna conclusión relevante, ya que por su pastelería pasaba medio Puerto pezuña cada día, a degustar sus maravillosos dulces con chocolate. Se guardó los poemas en el bolsillo del mandil y siguió recogiendo, cuando terminó se fue a casa.

Marcelo mientras, estaba desmontando el tapizado del tresillo para cambiarle la tela porque estaba destrozada, debió pertenecer a Don Ernesto, un hipopótamo sobrepasado de peso que a pesar de las advertencias de Doña Hortensia que además de ser la doctora del pueblo era su mujer, éste seguía siendo el mejor cliente de La tacita de chocolate, le fascinaba la tarta real y la torta de chocolate, merendaba allí todos los días, incluso Rosa le había puesto un sillón especial para él y acorde a sus medidas. Una vez que le quitó la tela rota, y se disponía a coger la lima para lijar los brazos del tresillo, para luego poderlos cambiar de color. Vio que iban a dar las once de la noche en el reloj que colgaba de la pared, un antiguo cuco, que cuando daba la hora , quien salía era un pequeño grillo que se encontraba habitando el reloj cuando él lo recogió del vertedero. Entonces decidió irse a dormir después de cenar una rica tortilla de bellotas.

A la mañana siguiente cuando tapizaba el tresillo con una tela estampada de flores, después de haberse secado la pintura turquesa, debido a que este color era el que predominaba en el estampado. Sintió una voz proveniente de la calle. Era Rosa su linda pastelera que venía a verle. Cuando la vio aparecer con un vestido rojo tan alegre, pensó por un instante que había leído los poemas y sabía que eran de él, que venía para contarle de su alegría. Pero no era ese el motivo que la hacía pisar su casa, sino otro. Había oído en más de una ocasión que dejaba como nuevo lo que parecía no tener arreglo, así fue como se decidió ir a buscarlo. Quería que le arreglara un viejo armario de su abuela que tenía en el tratero y que en vez de tirarlo, pretendía que se lo arreglara dándole un toque más moderno. Aceptó el trabajo, y quedó en recogérselo en su casa personalmente una vez que ella hubiera serrado la pastelería, y devolvérselo cuando lo tuviera arreglado. Entonces Rosa se fue a alistar los pasteles, y mientras Marcelo siguió con el tapizado.


A la caída de la noche Marcelo tenía preparado el remolque para recoger el armario de la casa de Rosa, cuando al poco de salir de su casa notó que algo le fallaba en el coche, y de repente se paró en seco, Marcelo se bajó del coche y levantó el capó para echar un vistazo, solo eso, porque no entendía de mecánica. Entonces viéndose en esta situación, tuvo que llamar al reno Damián el poseedor del único taller de coches de todo Puerto Pezuña, un poco sangriento pero no le quedaba de otra. Como este tardaría en aparecer para llevarse el coche al taller, decidió ir a la casa de Rosa para disculparse y explicarle lo sucedido.

Rosa vivía en la Avenida Bahía Fresca merecía bien ese nombre, porque cada casa tenía un hermoso aunque pequeño jardín, cada casa tenía una fragancia diferente. El jardín de Rosa estaba plagado de lavanda, “lucen sus flores con la misma belleza que ella, y conjugan perfectamente el color de sus flores con el tono rosáceo de la fachada de su casa” pensó Marcelo que observaba la vivienda desde la puerta, contemplando las abundantes diferencias de su casa a esta.

Luego llamó a la puerta y Rosa salió inmediatamente para recibirlo, lo hizo pasar a la salita para tomar un té de manzana, estuvieron ablando bastante rato, y entre ellos comenzaba a brotar una bonita amistad. Rosa era una cerdita muy sencilla, no tenia prejuicios y sabia reconocer la bondad de los demás solo con tratarlos un par de veces, y a Marcelo ya lo conocía de años, pero no se había acercado a él antes porque no había encontrado una escusa perfecta. Porque Marcelo, le parecía un jabalí muy atractivo, al que le apetecía conocer más personalmente. Había recordado que el día que le dejaron los poemas, Marcelo había estado en la pastelería y que poco antes de que él se acercara a pagarle la tarta de castañas había recogido una taza de chocolate, así fue como tras meditar un poco, se dio cuenta de que había sido Marcelo el de los poemas.

Después del té, Marcelo se despidió y se dirigió camino a su casa antes de que se le hiciera más tarde. Cuando pasó por la Calle Álamo, vio que su coche ya no estaba allí, Damián debía habérselo llevado. Pero estaba tan contento que no le importaba tener que andar un buen trecho hasta llegar a su casa, la noche estaba clara con la luna llena y se divisaba en la lejanía todo el trayecto como si fuera de día. Cuando llegó a casa se puso en el escritorio porque por el camino se le había ocurrido unos versos nuevos.

Que romántica velada de luz plateada,
Prepararía para ti,
Si tú me quisieras,
Porque yo, te quiero a ti.

En una barquita te he de subir,
Pasearte por la bahía,
Y cuando te descuides,
Besar tus labios, color carmesí.

A la mañana siguiente fue a buscar el coche al taller, y Damián le dijo que se lo tendría listo para la tarde. Con esta noticia se fue a casa a seguir con su rutina. A la tarde antes de pasarse por el taller fue a la Tacita de chocolate a visitar a Rosa, para quedar con ella porque recogería el armario esa misma noche.

Cuando llegó la noche se dirigió como el día anterior a la casa de Rosa, esta vez llegó puntual, y Rosa lo estaba esperando, después de subir el armario al remolque, Rosa le invitó a un té de manzana, para charlar con él. Luego se despidieron. Pasados unos días Marcelo había restaurado el armario, y se lo llevó de vuelta a su dueña. Aprovechando el momento que tendría para hablar con ella tranquilamente, para declararle su amor, y desde aquel día pasean por todo Puerto Pezuña su inmensa felicidad, mientras las vecinas cotillas miran a través del cristal.