Galopando a lomos de mi imaginación paseo por el Jardín Secreto, ese en el que sueña el inventor. Un jardín lleno de encantadores fragancias e inspiración. Bajo la sombra de los sauces llorones relajo el pensamiento hasta llegar a los pies del naranjo donde ahora me encuentro. He visto pasar un duende pero se escondió detrás de una seta, desapareciendo de allí cuando me acerqué a ella. Cual rayo de sol, me deslumbró en la lejanía un unicornio dorado que en un manantial bebía. Como el canto de una sirena es la melodía de este jardín, dulce como la caricia de una buena madre y fresca como la brisa de la mañana en pleno mes de abril. Cierro los ojos y creo estar en el paraíso, la flora y la fauna de este lugar, silvestre y cuidada por siempre estará, pues este maravillo jardín, ha de permanecer secreto únicamente para mí. Paseando por un puente de lavanda observo los horizontes que me rodean compuestos de felicidad, parándome a expresarlos en estas letras Soñando Libertad.
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miércoles, 10 de agosto de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
SOPA DE CARACOLES
-¡Soldados soltad metralla y coger el cucharón, que tengo la hierba buena servida en el tazón!-Cantaba el cocinero al escuadrón.
Los soldados procedían al comedor cuando de repente se siente un temblor , pero no era terremoto sino tres niñas, Lourdes , Carmela y Lavinia que corrían libres por el campo, porque querían pasear y su madre que las observaba desde el porche las había mandado a recoger caracoles para la sopa de mañana. Y las niñas, con gusto cogieron sus cubetitas de la playa y procedieron a buscar caracoles.
-¡Carmela, Lavinia! Mirad aquí hay un gran grupo de caracoles, ayudadme a recogerlos, con estos, yo creo que tenemos para la sopa.- Dijo Lourdes que era la hermana mayor.
Y las niña, procedieron a llenar sus cubetitas de aquellos caracoles, al primero que cogieron fue a Pedrito un caracolillo holgazán al que su padre lo había inscrito en el ejército para ver si allí lo espabilaban un poco. Porque se pasaba el día de aquí para allá sin hacer nada de provecho.
Luego fueron a casa y les llevaron los caracoles a su madre, y ésta los puso en la cocina en un bol y los tapó con una redecilla, pero antes les puso pan rallado para que se hartaran de comer.
-Soldados , no comáis, no fiaros ¿Por qué nos iban a dar de comer? Parad- Dijo el Sargento.
Pero Pedrito siguió comiendo.
-¡Pedrito! Ya verás que castigo te vas a llevar cuando salgamos de aquí. Contando con que podamos.-Dijo el Sargento.
-Repartiros por el borde y cuando yo os diga empujad.- Prosiguió el Sargento.
Una vez que se repartieron por el borde del bol los demás comenzaron a subir.
-¡Ya, empujad zánganos o ésta no la contamos!-Gritó el Sargento.
Con la colaboración de todos pudieron soltar la redecilla y escapar, cuando se vieron en libertad, todos corrieron para la ventana de la cocina, menos Pedrito, que era el último en salir del bol, y en plena operación huida se presentó Lavinia la pequeña de las niña y cogió a Pedrito en sus manos.
-Qué pequeñito eres, y que gracioso, me haces cosquillas. ¿Te apetece jugar conmigo?- Dijo Lavinia mientras se llevaba a Pedrito entre las manos.
La niña lo llevó a su dormitorio y lo puso en su casita de muñecas sentadito en el sofá. Y luego, fue a buscar a su madre para advertirle de que los caracoles se estaban escapando.
La madre procedió a recogerlos y los metió en el bol, pero ésta vez los tapó mejor, y no pudieron escapar. Y al día siguiente, mientras se cosían en la olla un soldado decía:
-Pedrito era flojo pero suertudo y nosotros por valientes ahora nos quemamos el culo-.
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