Una tarde lluviosa de un domingo cualquiera una octogenaria dormía en el sofá mientras su nieto veía ensimismado un talen show en el televisor, luego ella comenzó a hablar en sueños, sollozando, después, despertó.
-Abuela ¿Qué te pasa? Pareces triste. -Le dijo el niño quitándole voz al aparato.
-Cosas de viejas, es que solo a veces consigo ser feliz, otras, me siento como un náufrago, buscando el auto consuelo de no haber cumplido parte de mis sueños. Hay veces que veo algo tan bello como es el arte y me siento inconforme con el hecho de no haber podido vivir de ello, así como de ya no poder realizarlo, de esta manera me siento frustrada y eso me hace infeliz. -
Lo miró fijamente mientras él le acariciaba la cara dándole consuelo, y tras levantarse lo cogió de la mano y salieron de la habitación. Caminaron por una casa que aparte de los muebles que crujían y el canto de los gorriones permanecía sin vida. Entraron al cuerpo de la parte de atrás de la casa, un trastero olvidado al final del último patio, detrás de su puerta la penumbra dibujaba unas sombras que en un principio asustaron al niño, figuras humanas, esqueletos de hierro, trozos de barro agrietados de proyectos medio terminar esos que se dejan cuando la ilusión se pierde.
Ya con la luz encendida las siluetas se hacían más amigables, algunas de las fisonomías eran fácilmente reconocibles incluso sus expresiones parecían vivas, tal cual las había visto en algunas de aquellas cintas VHS que la anciana guardaba, allí continuaron un rato mirándolo todo en silencio hasta que escucharon las voces que los llamaban. La abuela, tras volver a cerrar la puerta con llave le pidió con un gesto cómplice que le guardase el secreto.
Al día siguiente, fue a buscarla para desayunar, pero no estaba en su dormitorio, sin decirle nada a su madre se dirigió hacia el taller y allí pudo encontrarla, parecía dormida con los pies colgando de los brazos de un sillón de piedra, el regazo de un hombre anónimo vestido de príncipe, sobre su pecho tenía los restos de una foto donde salían ambos en un local de jóvenes artistas.
El niño salió corriendo para dar aviso a la madre, luego de recostar el cuerpo sobre el lecho y tirar la foto a la basura, cerraron la puerta de las murmuraciones y avisaron de su muerte.
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