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martes, 15 de noviembre de 2011

NO CUESTA NADA SABER JUGAR

Las risas de Anastasia se escuchaban desde el otro lado del pasillo, su nana se presentó de inmediato para averiguar que hacía a la niña tan feliz. Se encontraba sentada en su cunita, le hacía monigotes a Pepo su osito de peluche con un calcetín. Cual marioneta se lo había introducido en la mano. Le había visto hacer este gesto muchas veces a su nana cada vez que la vestía para ir de paseo.
                                                                                     
Pasados los años esta niña pícara creció. Se encontraba creando marionetas para el cuentacuentos del colegio de su hija, mientras pensaba en lo feliz que había sido ella con un simple calcetín. Su nana la enseñó a hacer marionetas, vestidos para las muñecas, cortinas y colchas para su casita de muñecas, y todo usando los solterones calcetines que solemos tirar a la basura sin complejos, porque no hay una sola vez que no se nos pierda uno de ellos.   

Utilizando materiales domésticos aún en su vejez, sus manos crean juguetes de los de ayer, pasando un rato agradable con los nietos al atardecer, al lado de la chimenea con algo de comer, cosen unas nuevas marionetas, preparan caretas para el carnaval, cometas para la playa y todo cuanto piensen en reciclar se transformará en un espectáculo de felicidad.

No hay calcetín soltero en la casa de Anastasia pues pronto te hace una marioneta de estar por casa.   

viernes, 29 de julio de 2011

EL TIBURÓN DEL LOMO PLATEADO


Aquel día no era mi intención viajar, pero me aguardaba un viaje intrépido. Charlaba como de costumbre con mi primo Eusebio del partido entre Pulgones y Garrapatas. Otra vez, nos habían dado goleada. Cuando de repente el gato mendigo sacudió su oreja. Cayéndome al suelo y viéndome perdido, salté a unos zapatos muy limpios que pasaban por allí.

“Tal vez no vendría mal ,cambiar de aires”, pensé, y entonces me subí por el zapato y me pasé al calcetín, busque un hueco pequeño y me cobije. Llegando en aquel momento la hora de comer, “Ñam, Ñam” y le mordí. El señor al que me había subido se paró en seco, y, se bajó el calcetín descubriéndome en su interior. “Socorro, me ha descubierto” pensé, me intentó sacudir, pero me aferré a un pelo y trepé pierna arriba. Quedándome escondido en una costura del pantalón, pues este señor me estuvo buscando para lapidarme.

Llegando la hora de almorzar pensé tomar aperitivo y mordí el muslo rechoncho de mi nuevo padrino, éste, comenzó a sacudirse, sin darse cuenta de que toda la gente le observaba mientras intentaba deshacerse de mí, me llevo al servicio donde me busco por todos los recovecos del pantalón, pero yo, trepé cuesta arriba por la barriga y me escondí en el hueco del ombligo.

Decidió irse a casa una vez cansado de buscarme en el pantalón. Tras su almuerzo se ensalzó entre cariñas y arrumacos con su mujer, habiéndose quitado la ropa y preparándose para arrullar a ésta, me entró ganas de comer. Y en una oreja ésta vez le piqué. Sacudiéndose la cabeza, la mujer desnuda al igual que él, me buscaban en cabeza, barriga, muslo y pies, cansado de tanto brincar y correr, decidí escapar para no volver.

Cogí carrerilla y salté al lomo de su perro que entraba en la habitación ,¡Que zapatillazo se llevó! pues pensaban que de él provenía yo. La mascota corrió despavorida y salió a la calle a dar un paseo. Cuando llegamos al parque no muy lejos pude ver, a mi primo Eusebio a lomos de mi antiguo huésped, que alegría, que felicidad, cogí impulso, y salté, salté hasta alcanzar a mi huésped preferido, pues yo era feliz en aquel lugar.
Yo Tiburcio, el tiburón del lomo plateado, soy pulga, pero sagaz y valiente, y me agarro a éste lomo con mis garras bien fuerte.