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viernes, 30 de mayo de 2025

MIENTRAS CRECIMOS

¡Vive el momento! me decían sus ojos cada vez que lo miraba, ¡Adelante, no te rindas nunca, lucha! esas palabras sonaban dentro de mi cabeza cada vez que me lamía las lágrimas de la cara. Durante toda su vida ha sido mi mejor amigo, sí, tal vez sean palabras echas, pero fueron dichas por una persona que encontró en un canino el cariño y la comprensión que otros seres no les supieron dar.  
  
En mi niñez me arrebataron algo, y no una cosa sin importancia, me hicieron presa de la tristeza por poseer una risa disparatada y chillona, los principales culpables mis padres, progenitores de una niña feliz hasta que se cansaron de escucharla, los otros, los compañeros de colegio que preguntaban una y otra vez cuando ponía el huevo.  

Fui castigada en clase por armar jaleo cuando simplemente me reí de un chiste malo escrito en una nota. Víctima de todas las burlas decidí darles lo que pedían, silencio, silencio hasta que llegase el momento de poder hablar, entonces hice muda mi inconveniente risa y así pasaron los años, las bromas cesaron y los castigos de unos y otros también. 

Mientras crecimos pasaron ocho largos años hasta que cumplí la mayoría de edad, únicamente había relucido el verdadero yo cuando estaba sola, bueno, ni tanto, tenía a mi lado a Puf le puse así porque ya de pequeño se desparramaba por el suelo y se dormía la siesta mientras yo leía un libro posando mi cabeza sobre él 

La gente que no me conocía pensaba que era tímida, triste e incluso extraña. Me preguntaron en varias ocasiones porque reía para , acompañando una leve sonrisa de un ruidito complaciente, buscaban en mi boca complejos sobre dientes picados e imperfectos, cuando eran de anuncio clínico.  

Por fin llegó el día de mi cumpleaños, mis padres habían preparado la barbacoa y decorado el jardín, parecían prever que lo celebraría por todo lo alto, los invitados estaban a punto de llegar, pero yo no quería estar allí. Desde el día anterior tenía la maleta preparada y escondida bajo la cama, los ahorros de toda una vida guardados en el bolsillo de la chaqueta, con la maleta y la correa en mano me dispuse a salir a la fiesta. 
 
Mis abuelos maternos y mis tíos abuelos estaban tomando la primera copa, mi padre avivaba la candela y mi madre servía unos canapés. Dejé la maleta en la entrada y acompañada de Puf me acerqué al marco de puerta. -Espero que lo paséis muy bien sin mi compañía, lo siento, pero llegó la hora de vivir mi vida sin restricciones, me voy de casa- Dije con un tono que únicamente mi abuela se precipitó a preguntar los motivos que me llevaban a ello. -Carpe Diem- contesté.  

 

lunes, 30 de julio de 2012

ESTE SASTRE ES UN DESASTRE


Mirándose en el espejo contemplaba su ruda cabellera negra, estaba vacía y necesitaba algo para adornarla. Un maniquí de palo lucía su vestido, un maravilloso vestido anaranjado con remates verdes aguamarina, su brillo era tan espectacular que sus destellos la incitaban a probárselo una y otra vez.

Pronto llegaría el enlace de su hija, ese gran día esperado por su madre, su dulce Sabrina, la única princesa del palacio del Rey Calixto moscón, que se casaría con Blas, el príncipe de Marina incesto, en el reino de las moscas verdes. La reina cubriría su rechoncho cuerpo con su sorprendente vestido. Pero últimamente, no dormía bien, quedaba solo una semana para la boda de su hija y seguía sin saber que ponerse en el pelo, se había probado todos los sombreros que poseía pero ninguno le gustaba, más de sesenta llegó a contar su criada cuando los guardó cada uno en su lugar, después de llevar tres días probándoselos. Blancos de ala ancha con plumas azuladas, negros de terciopelo con copa alta y abalorios complejos, tocados estrafalarios y turbantes de diversos matices a juego, pero ninguno era para ella lo suficientemente bueno.

“Que llamen al sastre” dijo la reina a su criada, “Que se persone de inmediato, necesito que me haga un tocado nuevo” Y la criada voló hasta la pequeña casita del sastre Basilio, éste abrió la puerta en pijama pues llevaba días durmiendo más concretamente diez días.“No toquen a la puerta y déjenme dormir, solo, si es para la reina hagan de insistir” este mensaje colgaba de la puerta de Basilio, el sastre personal de la Reina. Para él era todo un placer ser el sastre real de las moscas verdes. Le había creado un elegante traje al Rey Calixto y el vestido de novia para la princesa. Una vez terminado su encargo decidió echarse a dormir para reponer fuerzas, pero no pensaba que la reina estaba insatisfecha.

“Majestad, ¿En qué puedo servirla?” dijo Basilio a la reina. “Necesito un tocado nuevo, un sombrero o un turbante, algo que estilice mi figura y me haga lucir como lo que soy, un reina, ¿Has traído tu costurero?” dijo la reina a Basilio mientras se dirigía hacia el maniquí que lucía su vestido. Lo destapó y se lo probó una vez más. “Si majestad, aquí lo tengo” contestó.  “Que lleven todas las telas nuevas y la caja que hay en la buhardilla a la habitación de huéspedes del ala izquierda” Ordenó la Reina Elisa.

“Te alojarás en palacio hasta que termines tu trabajo.” Ordenó la Reina a Basilio y este asentando con la cabeza dijo “Encantado de servirla una vez más, majestad” Luego la criada lo acompañó hasta su cuarto, después de haber contemplado durante largo rato a la reina como paseaba con su última creación.

Sentado ante un papel en blanco y con su carboncillo esperaba que alguna musa se mostrase ante su mente tan blanca en aquel momento como el papel. Dibujó algún boceto, y más tarde llamó a la criada para que comprobase si en el armario de la reina había alguno igual. Su intuición había acertado, tenía todos los que había dibujado. La reina quería algo novedoso y no sabía cómo iba a cumplir sus deseos. Tenía un gran abanico de colores con todas las telas nuevas, y en la caja, la reina había recolectado toda clase de flores, plumas, cintas y abalorios. Cogió varios trozos de tela y los pegó cada uno en una hoja de un cuaderno, después vació la caja en el suelo y cogió lo que le pareció más interesante.

“¿Dónde se ha metido el sastre? He ido a su cuarto y no está trabajando. Que lo busquen y cuando lo encuentren que se persone de inmediato” dijo la reina a un criado. Llegada la hora de comer se presentó buscando su plato, pero la reina había ordenado que no le sirvieran de comer antes de que ella hablara con él. “¿Dónde te habías metido?  Holgazaneando por ahí no tendré mi sombrero listo para la boda” Dijo la reina en tono gruñón. “Majestad, tras el almuerzo comenzaré a crear los sombreros que he ideado mientras paseaba por los jardines del reino, si me permite desearía comer primero.” Dijo Beltrán a la reina. “Pues que no se hable más, a comer y luego a trabajar” contestó la reina más calmada tras la explicación que Beltrán le había dado, parecía entusiasmado y debía traer buenos diseños en la libreta que apretaba a su cuerpo como si de un tesoro te tratara.

La reina esperó hasta el día siguiente para ver los resultados obtenidos. Expectante esperaba en su cuarto a que la hicieran llamar para probarse su nuevo tocado. “Majestad, el sastre quiere saber si está lista para probarse sus nuevas creaciones” dijo la criada a la reina mientras ésta terminaba de tomarse el desayuno en la cama. “Que llamen a la peluquera, y que esté lista en media hora. Avisa al sastre para que dentro de una hora me espere en el salón. Bajaré cuando esté peinada acorde a ese día tan esperado.” Dijo la reina tras tomar un grano de café.

Daban las diez en punto en el reloj que colgaba de la pared y Beltrán admiraba una y otra vez los nuevos sombreros realizados. La reina pronto hizo acto de presencia con su flamante peinado, mecía su cuerpo de júbilo. Se acercó al sastre y se probo el primer tocado. “Me queda pequeño y este color no me favorece, además esta flor no me gusta” dijo la reina quitándose el tocado. Beltrán cogió el segundo y se lo puso personalmente, no había manera de hacer cambiar de opinión a la reina, pero el único problema que tenía el primer tocado era que no se lo había puesto bien. “ Con éste sombrero no luzco mi maravilloso peinado, además me tapa mucho la cara” Dijo la reina mientras miraba al sastre con cara de enfado. “Majestad, no se preocupe que el siguiente es el mejor” Dijo el sastre esperanzado en acertar con el último. “Elegante, original y fabuloso” así catalogó el ultimo tocado. Una simple cinta verde agua mariana con una margarita naranja de abalorios. “Toma tu dinero, ya puedes irte donde te plazca.” Dijo la reina mientras extendía hacia la mano de Beltrán un saquito de monedas.

El día anterior a la boda, la reina decidió probarse su tocado, pero lo busco por todas partes y no apareció. “Que llamen al sastre” dijo la reina. Pasado el rato un criado se presentó con noticias de Beltrán. “Majestad, el sastre a dejado esta nota en su puerta” dijo el criado. “Podéis insistir pero no me encontrareis, pues me he cansado de servirla, majestad. Tomaré un descanso merecido y luego buscaré un buen destino donde crear diseños a cualquier agradecido.” Decía la nota de Beltrán. “Irse sin que haya pasado la boda, vaya desagradecido. Que llamen a los soldados y que busquen al sastre, que lo traigan ante mí.” Dijo la reina a su criado.

Llegada la tarde se presentó un soldado que traía a Beltrán esposado, lo habían cogido justo cuando llegaba al reino de los mosquitos de pata larga. Pretendía tener allí su nuevo hogar, donde pensar en nuevos diseños, y mientras estos venían pretendía vestir a los mosquitos de aquel lugar con diseños muy parecidos a los que había creado en el reino de las moscas verdes. “Soltadme y quitadme estas esposas que no soy un delincuente” dijo Beltrán al soldado. “Insolente, como te has atrevido a irte de mi reino sin haberse pasado la boda, y ¿Dónde has metido mi tocado? Mañana es la boda y no voy a tener nada que ponerme en la cabeza. Ahora mismo me lo estas devolviendo.” Dijo la reina a Beltrán.“Majestad, yo no he cogido su tocado, cuando yo me fui usted lo tenía puesto. Si quiere le puedo hacer otro igual.” Dijo el sastre a la reina intentando arreglar aquella situación y sin saber que había pasado con el otro tocado. “Majestad, la princesa a mandado retirar todas las telas y la caja de los abalorios para poner sus regalos de boda, y como ya no quería las telas las hemos repartido entre las casas más pobres del reino.” Dijo la criada a la reina.

“¿Cómo vamos a arreglar esto? Yo necesito estar espectacular, ve y búscame uno que sea  increíble, que resalte delante de los presente mi belleza natural.” Dijo la reina a Beltrán. “Majestad por el camino me encontré a una anciana que decía que en sus tiempos de juventud hilaba en un reino y que en sus ratos libres que no eran muchos diseñaba complementos de hilo. ¿Quiere que la busque? Ella le puede hacer un tocado de hilo. Así será diferente.” Dijo Beltrán. “Ve inmediatamente y no vuelvas sin ella” Dijo la reina a Beltrán ya más contenta.

“Majestad esta es Paulina la hilandera, a aceptado encantada a venir de inmediato para servirla.” Dijo Beltrán a la reina presentándole a la anciana. “Bien, que comience ya con mi tocado de hilo.” Dijo la reina a la hilandera. Pasado el rato se probó su nuevo tocado, éste era aún más bonito que el anterior, rodeaba su cabellera negra con unos hilos blancos como si fueran guirnaldas. Por fin estaba contenta, tenía el vestido y el tocado más bonito que había tenido jamás, así que ordenó que le dijeran al sastre y a la hilandera que se podían marchar. 

Por fin había llegado el gran día y era la hora de levantarse, pero la reina no podía, su marido permanecía dormido al lado de ella, unas guirnaldas tan bonitas como su tocado recorrían todo su cuarto y la hacían permanecer inmóvil en la cama. A gritos llamaba a sus criados pero ninguno de estos apareció, todos permanecían inmóviles en su puesto de trabajo. De pronto se abrió la puerta e hizo acto de presencia la hilandera. “Ayúdame, que no me puedo mover.”  Dijo la reina. “Majestad, le comunico que no va haber boda, y que usted va a ser mi desayuno, luego me pondré su vestido y me quedaré en su reino hasta que me haya comido a todos los que en el habitan.” Dijo la hilandera quitándose su disfraz de vieja y descubriendo así las ocho patas que escondía detrás de sus ropajes. “No puede ser, esto no me está pasando a mí. ¿Qué has hecho con mi sastre? Espero que te lo hayas comido, porque ya le vale al muy idiota dejarse engañar por una araña.” Dijo la reina a la araña sin un ápice de cobardía. “Pretendía que él fuera mi cena cuando apareció uno de sus soldados y se lo llevo. Pero cuando volvió a buscarme me pareció una maravillosa idea, tanto que lo he dejado escapar.” Dijo la araña a la reina mosca mientras se acercaba a ella para comérsela. “¿Sus últimas palabras majestad?” Dijo la araña. “Este sastre es un desastre y mi marido un dormilón, que no se ha percatado que vas a destruir nuestro reino por un mosquito bobalicón” Dijo así la reina sus últimas palabras antes de ser engullida por la araña.

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL TUCÁN

El barbilampiño corría por el abajadero subido en el patín a toda velocidad, tropezando con una piedra y dándose un batacazo. Era su cumpleaños, y a la salida del colegio decidió correr lo más rápido posible. Quería saber si su abuelo Enrique, le había llamado. Porque llevaba tiempo esperando su visita y quería saber cuándo iba a verle.
Se había abrasado las rodillas al caer, pero sostuvo las lágrimas para que Susi, una compañera del colegio que le observaba no se riera de él. Se levantó y siguió hasta casa, cuando subía por las escaleras del bloque, le pareció escuchar alboroto proveniente de su piso, llamó al timbre, cesando por un momento aquella algarabía cuando su madre le abrió.

-¿Qué era todo ese ruido, Mamá?-Dijo Pepillo mientras ojeaba todo el salón desde la puerta, no viéndose en este, nada más que a su padre que veía la televisión sentado en el sofá.
-Tu padre, que tenía la tele a toda voz.-Dijo Candela, la madre.

Pepillo entró hasta el salón, y soltó el patín y la mochila en el suelo, cuando de repente salió un montón de gente, amigos del colegio, algunas vecinas, sus amigos del bloque, etc.

-¡Feliz cumpleaños Pepillo!- Gritaron todos al unísono.

Pepillo, no se encontraba muy sorprendido, aunque lo habían hecho bien, pero, se les había pasado no hacer ruido, y él era un niño artero, que pescaba las indirectas al vuelo. Y vio un poco sospechoso, que sus padres no le esperaran con el pastel en la mesa, para celebrar su decimo cumpleaños.
Cuando los asistentes se fueron acercando para felicitarlo individualmente, fue cuando se dio cuenta de que su abuelo Enrique estaba allí, entonces le dio un gran abrazo, llevaban un año sin verse porque vivian en ciudades diferentes. Todos se sentaron y la madre de Pepillo puso el pastel sobre la mesa y encendió las velas. Pepillo las sopló y su madre repartió el pastel entre todos los presentes. Después comenzaron a repartirle los regalos. Entre los cuales había un balón de futbol, una videoconsola, un disfraz de Aladino, una bicicleta, comic etc.… estaba encantado, ni  los reyes les habían traído tantos regalos.
Su abuelo esperó a que acabara la fiesta, a que toda la gente se hubiera ido y estuvieran a solas los dos para darle el suyo. Sacó de la maleta un paquete y se lo acercó al niño, éste lo abrió, y la verdad es que le sorprendió que su abuelo, después de un año sin verle le hubiera regalado un disfraz de pájaro, hasta el disfraz que le había regalado su vecina de enfrente le gustaba más.  

-No te ha gustado mucho, ¿verdad?- Dijo el abuelo al ver la cara de desilusión.
-Sí, está bonito abuelo, me lo pondré para el próximo carnaval.-Dijo el niño con resignación, no quería hacerle un feo, después del tiempo que llevaban sin verse.  
-Tal vez mas tarde, te des cuenta de lo que significa este disfraz, pruébatelo la semana que viene con la luna llena, para entonces, yo me habré ido, pero le dejaré a tu madre una carta con instrucciones, ahora parece un disfraz insignificante, pero te darás cuenta de lo que vale.- Dijo el abuelo.
-¿Ya te vas? Pero si acabas de venir.-Dijo niño, un tanto afligido.
-Mañana, por la tarde me voy, tengo que trabajar, volveré cuando me sea posible.-Dijo con los ojos llenos de emoción.
-¿Quieres que juguemos con la videoconsola? Podemos echar carreras de coches, o jugar al futbol.-Dijo  entusiasmado, quería jugar con el abuelo todo el tiempo posible.
-¡Vale, te voy a dar goleada, ya verás!-Dijo él.

Ambos jugaron un partido de futbol en la videoconsola, antes de cenar. A la mañana siguiente salieron a pasear y a comerse un helado. Luego llegaron a casa y después de almorzar, el abuelo recogió sus pertenencias, y lo acompañaron hasta la estación de tren. Donde se despidieron  hasta la próxima visita. Cuando llegaron a casa, el niño se encontraba apático sentado en el sofá, se sentía triste, porque su abuelo había pasado poco tiempo con él, y además no le había gustado mucho su regalo. Su amigo Adrian le propuso ir a dar un paseo con la bici nueva, el tenía una igual que le habían regalado para reyes, y Pepillo aceptó, no le vendría mal salir un rato.

Fueron desde su casa hasta el polígono industrial, allí encontraron en un terreno a un perrito malherido, que se propusieron recoger, pero Adrian no se lo quería llevar a su casa porque ya tenía un mastín labrador y era muy celoso de cualquier otro animal que se le acercase, y no querían que éste le fuera a hacer daño, por lo que Pepillo decidió llevárselo a su casa para curarle la patita rota, y darle algo de comer que se notaba que estaba hambriento. Adrian que llevaba un sándwich para la merienda se lo dio al perrito para que se lo comiera, y éste lo devoró de un mordisco. Cando llegó a su casa se llevó al perrito hasta el dormitorio, y le puso un cojín en el hueco que había entre el armario y la pared, allí podría permanecer escondido, y si no hacia ruido, estaría bien cubierto por unos días hasta que se recuperase. Le había liado la patita con unas vendas y se la había entablillado con dos reglas de madera, luego fue a la cocina.

-Mamá, ¿Qué cenamos hoy?-Dijo Pepillo a su madre que preparaba la plancha para asar los filetes.
-¡Ya ves!, hoy cenamos filete a la plancha, y patatas fritas. ¿Te gusta la cena?-Dijo Candela.
-Claro que sí, estoy deseando de que llegue la hora, estoy hambriento.-Dijo Pepillo con entusiasmo.
-Bien, pues te puedes ir a repasar los deberes mientras yo termino, ahora te aviso.-Dijo Candela para que revisara los deberes y los tubiese todos hechos para el lunes.
-Pero si tengo muy poca tarea, y todo el día de mañana, me voy a jugar a mi cuarto, dame una voz cuando esté lista la cena. ¿Vale?-Dijo con esperanza de que la madre no se presentase en el cuarto.

Salió de la cocina y se fue a la habitación, cogió el primer comic de los cinco que le habían regalado, era de Batman y Robin, y se recostó en la cama. El siempre se iba a dormir leyendo historietas de superhéroes. Y aunque faltaba poco para esa hora, decidió dedicar el tiempo antes de cenar a leer las primeras páginas del comic nuevo.

Pasado un rato, su madre lo llamó, y pegó un gran salto de la cama, se encontraba casi dormido, mientras el comic se le escurría hasta el suelo. Y con todo esto el perro ladró, al escuchar la voz de la madre de Pepillo, porque estaba echando un sueño a la vez que su nuevo amo. Mientras uno soñaba con aventuras, el otro, soñaba con un gran hueso que había escondido y no podía encontrar. Candela se acercó hasta la habitación, porque le había parecido oír un perro.

-¡Pepillo, me ha parecido oír un ladrido! ¿Tienes algo que ver?-Dijo Candela un tanto mosqueada, porque el ambiente olía a rancio, más bien, como a bicho muerto.
-Que mal huele aquí, no tendrás los calcetines de ayer todavía en los zapatos, que eres muy puerco.-Dijo la madre de Pepillo que no soportaba el olor a pies.
-No mamá, los calcetines los eché a lavar esta mañana cuando me duché.- Dijo mientras empujaba con el pié al perro que quería salir de su escondite.

Candela inspeccionó la habitación de una ojeada, y no pudo ver al perro, porque Pepillo se colocó delante.

-Venga, vamos a cenar.- Dijo Candela.

Después de la cena, Pepillo fue a llevarle unos filetes que le había guardado al perrito, y luego se fue a dormir.

Al día siguiente, mientras todos dormían, el perrito salió de su escondite, arrastrando la patita, y se fue al cuarto de baño donde sacó todo cuanto encontró en el cubo de la ropa sucia. Entonces Juan el padre de Pepillo, que entró en el cuarto de baño descubriendo en él, a su nuevo inquilino.

-¡Candela, que hace este perro aquí!-Gritó el padre de Pepillo.
-¿Qué pasa?-Dijo Candela mientras se ponía las manos en la cabeza.
-Pero este perro como a llegado hasta aquí, ya se, seguro que son cosas de Pepillo. ¡Pepilloooo, ven inmediatamente!- Dijo Candela mientras se remangaba por el sofoco del disgusto, el perro mientras mordisqueaba la ropa interior.
-¿Qué?, ¿Qué pasa?-Dijo el niño que cuando vio lo que estaba haciendo su nuevo amigo, empezó a hacer pucheros.
-No hagas pucheros, y dinos de dónde has sacado este perro. Ya sabes que no queremos animales en casa, que luego no te vas a hacer responsable de ellos, y nos tendremos nosotros que ocupar de él.-Dijo Juan el padre de Pepillo.
-Me lo encontré abandonado en el polígono ayer, cuando cogí la bici con Adrian. Y nos dio pena dejarlo tirado, tiene una pata rota, y no sabíamos qué hacer con él, Adrian no se lo podía llevar a casa, porque Pirata le puede hacer daño.-Dijo Pepillo con cara de pena, para convencer a sus padres.
-Nosotros no tenemos sitio aquí para perros, lo llevaremos a la perrera municipal, y que allí se encarguen de él.-Dijo Candela que no soportaba tener un perro desde que se le había muerto precipitadamente, uno que ella había criado.
-No, no, a la perrera no, yo me haré cargo de él, y lo llevaré a pasear, y lo limpiaré.-Dijo Pepillo, apenado porque no se quería deshacer del perrito.  
-Aremos un trato, como está malherido te encargaras de él, hasta que se ponga bien, y luego ya pensaremos que hacer.-Dijo la madre

Pasada una semana el perrito ya se encontraba curado, Pepillo se había encargado todos esos días de curarlo y alimentarlo de maravilla. Fue entonces cuando apareció una señora mayor llamando a la puerta reclamando al perrito.

-Hola, buenos días, venía a recoger a mi perro, hace un mes que se me escapó de casa y desde entonces he estado buscándolo sin tener noticias de él. Pero mi vecina que vino a visitar a una amiga, lo reconoció ayer cuando su hijo lo paseaba.-Dijo la anciana a la madre de Pepillo, que la escuchaba atentamente.  
-Señora, mi hijo se encontró a ése perro abandonado, y, a cuidado de él con mucho esmero. Y estoy segura de que no se lo va a querer regresar.-Dijo Candela a la señora que pretendía arrebatarle un buen amigo a su hijo, ahora que éste sabia como ocuparse de una responsabilidad.
-Pues, ese perro es mío, y si no me lo devuelve los voy a denunciar.-Dijo la anciana mientras se alejaba de la puerta.

Cuando Pepillo regresó de pasear al perrito, su madre le contó lo sucedido, y éste se echó a llorar, no quería devolverle a Robin, así le había bautizado porque él era su nuevo aliado. Su madre lo dejó solo en el cuarto para preparar la cena, y fue entonces cuando Pepillo, aprovecho un despiste de su madre para coger a Robin, y llevárselo lejos donde esa señora no se lo pudiera quitar. Cogió su bicicleta y una mochila, en ella metió una hacha, que había en el cajón de las herramientas de su padre, una mantita, comida y agua. Y lo llevó a un andurrial que solo él y Adrian conocían, allí cortó algunas ramas de los arboles, para cubrir una pequeña cueva donde escondería a Robin, le puso la mantita en el suelo, y al lado comida y agua. Luego se despidió de él y le prometió volver todos los días, que regresaría por él cuando la señora dejara de buscarlo. Luego se fue a casa.

-¿Dónde te habías metido?¿Y Robin, dónde está?-Dijo la madre de Pepillo que lo esperaba en la puerta.
-Lo he escondido donde esa señora no me lo pueda quitar, y no te voy a decir dónde está, me voy a mi cuarto, no quiero cenar.-Dijo  enfadado porque creía que su madre quería devolverle a la mujer el perrito, no sabía que ella también se había encariñado de él.     

Candela lo siguió hasta el dormitorio y cuando soltó la mochila en el suelo, se la cogió para abrirla, y fue cuando vio la hacha.

-¡Pepillo! ¿Qué has hecho con el perro?¿Porque te has llevado ésta hacha?-Dijo Candela preocupada por lo que podía haber hecho su hijo.
-No te preocupes mamá, Robin está bien, y donde lo he escondido esa señora no va a saber llegar .-Dijo pepillo mientras se sonreía.  
-Nos ha amenazado con denunciarnos si no le devolvemos a Robín.-Dijo Candela.
-Pues yo no se lo pienso devolver, ni hablar, Robin es mío.-Dijo casi enfadado.
-Esto lo hablaremos mañana mas tranquilamente, ahora baja a cenar, que después te tengo que dar una cosa.-Dijo Candela esperanzada en que el niño confesara el escondite.

Después de cenar su madre le dio la carta de su abuelo que debía de leer cuando fuera luna llena.

“Querido Pepillo”:
Ya ha llegado el gran día, esta noche habrá luna llena, y es cuando te debes de probar el disfraz que te regalé por tu decimo cumpleaños. Todos mis antecesores varones lo han llevado puesto, a partir de cumplir los diez años hasta que tengan sucesores.
Ya ha llegado la hora de que pase a tus manos este particular disfraz. Tu madre sabe de la tradición, y está de acuerdo en que tu lo uses y estamos seguros de que le sacarás el máximo provecho a este disfraz.
Si te fijas bien es un Tucán: lleva capa y pantalón negro, el jersey es negro contando con una gran zona amarilla en el torso, y la máscara tiene la forma de ese gran pico que tiene el tucán. Este disfraz te dará poderes mágicos con los cuales debes combatir el mal de tu ciudad, y ayudar a tus convecinos.
Cuando te pongas el disfraz sube a la azotea a que te llenes de luz de luna, y después notaras la energía, solo tendrás los poderes cuando lleves puesto el disfraz, tenlo siempre en cuenta. Una vez que sigas estos pasos podrás volar, tendrás una gran destreza a la hora de defenderte de tus enemigos, visión nocturna, y todos los sentidos ampliados a gran escala.
El pantalón lleva unos bolsillos grandes, ocultos donde llevaras escondidas todas tus herramientas, las que te ayudaran en todo cuanto precises y no olvides que tu imaginación es tu mayor defensa ante una situación complicada. Además no te preocupes porque no te podrán descubrir nunca, en el momento en el que intenten quitarte la mascará cualquier persona que se encuentre a tu alrededor caerá al suelo, en un sueño funesto. Procura no quitarte el disfraz en compañía de nadie.
Besos de tu abuelo

Pepillo se sentó para reflexionar sobre lo que decía la carta de su abuelo. El siempre había soñado con ser un superhéroe, y le encantaban sus historias, pero no pensaba que pudieran existir seres con esas virtudes. Y menos que el podría ser uno de ellos. Comenzó a probarse el disfraz, se puso el pantalón, el jersey y la capa, y miró en la caja, pero no encontró calzado que acompañara a su vestimenta negra, entonces fue cuando se probó las babuchas del disfraz de Aladino que eran negras y le quedaban muy bien con el traje de El Tucán, cogió todos los utensilios que había en la caja y se los guardó en los bolsillos. Luego subió a la azotea y se puso enfrente de la Luna mirándola fijamente. Y ésta le dio toda la energía que necesitaba, subiéndole una sensación de fuerza indescriptible por los pies y recorriéndole todo el cuerpo.

Luego se subió al filo de la azotea se disponía a precipitarse al vacío, miró y vio lo lejos que quedaba el suelo, se paró un momento “¿Y si todo fuera una broma? No sobreviviría a la caída” pensó. Y escaló por una ventana del trastero y se subió al tejado de éste, y desde allí se lanzó a la azotea del bloque vecino. Una vez que vio que no le pasó nada y que podía volar, se subió al filo de la azotea vecina y se precipitó al vacío.

Voló por la cercanías de su barrio para ir probando, en todo esto con su súper oído escuchó un grito que provenía del norte de la ciudad, era una madre angustiada porque le había desaparecido su bebé del carrito mientras ella distraída miraba los escaparates de una tienda de ropa, allí se presentó El Tucán de inmediato. Le pidió a la madre que le describiera al niño y algún objeto que le perteneciera, la madre le dejó su mantita, luego la olió y comenzó a buscarlo, volando para ampliar horizontes. A lo lejos vio una señora que corría a toda velocidad con un niño entre los brazos, pronto se dio cuenta de que aquel era el niño que él buscaba, y voló hasta la mujer parándose frente a ella, ésta intentó huir dándole un empujón, pero Pepillo ahora poseía una fuerza espectacular permaneciendo en su sitio sujetando a la mujer sin moverse ni medio centímetro.

-Señora este niño no es suyo y su madre lo está buscando, haga el favor de devolvérmelo.-Dijo Pepillo con voz ronca intentando imponer respeto.
-No, No, este niño es mío, yo lo parí y ella fue la que me lo quitó, suéltame.-Dijo aquella mujer entre sollozos.
-Este es el niño de una señora que estaba enfrente del centro comercial y mientras miraba un escaparete se lo has robado. Devuélveselo que de ti ya se encargará la policía .-Dijo Pepillo.
-Te prometo que este niño es mío, ella me lo quitó al nacer, ella es mi prima, primero me quitó a mi marido y luego me hizo pasar por loca mientras me hacia la vida imposible, al final entre ella y mi ex marido me han quitado a mi niño, esta tarde me he escapado del siquiátrico, y la he seguido hasta conseguirlo, este niño es mío, suéltame, la mala es ella, no yo.-Dijo, aquella pobre mujer. 
-De todos modos te acompañare, y allí le cuentas todo esto a la policía una vez que le devuelvas el bebe a la señora, te aconsejo que te busques un abogado que te ayude a demostrar tu defensa, yo después de esta noche, te prometo que vigilare tu caso desde cerca.-Dijo Pepillo para convencer a la mujer con esperanza de poderla ayudar.   

Después de su primera intervención como superhéroe, se recorrió la ciudad volando, buscando otros casos de necesidad y viendo que todo estaba en orden, decidió irse a casa.

-Pepillo me tenias preocupada, ¿Dónde te habías metido?-Dijo la madre que lo estaba esperando en su cuarto, porque lo había buscado por todo el piso y no lo encontraba, y sabiendo el contenido de la carta, supuso que habría salido.
-¡Mamá, esto es alucinante!¡Me encanta! Si no fuera porque tendré que trasnochar y estaré más cansado en el colegio, y además, hoy he ayudado a una señora que le habían robado a su bebe, pero no sé si he hecho lo correcto. La señora que lo había robado decía ser la verdadera madre.-Dijo Pepillo en un estado de ambivalencia.
-No te preocupes, conforme se vayan pasando los días te irás acostumbrando, y sabrás tomar las decisiones con mejores fundamentos. Ahora acuéstate y descansa.-Dijo la madre de Pepillo aconsejándolo.

Todos se fueron a dormir y a la mañana siguiente como era Domingo, Pepillo se levantó bien temprano, y después de tomar un buen desayuno, se vistió, y guardó en su mochila una botella de agua y algo de comer para Robin, y el disfraz, por si tenía que hacer alguna intervención, y cogió su bicicleta, luego fue al andurrial a visitar a Robin. Cuando llegó, su amigo se encontraba muy contento de volverlo a ver, le saltaba y le ladraba con alegría, lo soltó para pasear con él un rato, y caminaron por aquel paraje tan bello como extraviado. Cuando pudo divisar a lo lejos, a una mujer acercándose al filo de un acantilado con intención de lanzarse por él. Cuando inmediatamente Pepillo se puso el traje y rescató a la joven mientras procedía a desistir de la vida, salvándola a ésta en el último instante antes de estrellarse. La sujetó y la llevó a un buen sitio donde no tuviera cerca nada peligroso, cuando la soltó en el suelo y le pudo ver la cara, se dio cuenta de que era la misma mujer del día anterior.

-Pero. ¿Que intentaba hacer usted, está loca?-Dijo Pepillo enfadado.
-Para que me has salvado, me han quitado a mi niño. No quiero vivir con esta injusticia, me lo han quitado todo.-Dijo la mujer. 
A CONTINUACIÓN